lunes, 15 de noviembre de 2010

Olvidar...

Habría olvidado porque era así. ¡Sí! O más bien, lo he olvidado. O tal vez, lo hubiera olvidado. ¡Bah! Tan sólo un juego de… ¿conjugación de un vano e irreflexivo verbo? El caso es que la palabra “olvido”, recobra vida a un “ahora lo recuerdo”. Recuerdo esa insensibilidad, frialdad, esa mirada fulminante hacia un “todo bajo control” y “no preguntes”. Quizá no le habría puesto la debida importancia, ¿para qué? Después de todo, ya pasó, se terminó, se fulminó, caminó hacia otro lado, hacia el lado opuesto. Pero no es así. ¡Qué inocencia pensar que no habría tenido sus consecuencias! Si, las consecuencias de un “sale el sol después de la tormenta” pero también con el sol, hay luz, y se ven más claras esas heridas. 
¡Qué cosas se reviven! ¿Qué sabes tú de todos esos sentimientos? Del rechazo, control, temor, tristeza, melancolía, frialdad… De esa mirada furtiva sin respuestas, sin amor, sin comprensión, sin un momento de compasión, de empatía, tan egoísta… incluso hasta el final.
Sin poder si quiera gritar o decir, ¡No es justo! Sin poder preguntar: ¿Por qué?
Y ahora, es como la misma historia, una y otra vez. Intentando encontrar la esperanza, el “esta vez será diferente”, ¡ese positivismo que no se termina! y lo único que encuentro es, la misma frialdad, la misma impotencia, la misma indiferencia, el mismo egoísmo. Sí, dispuesta a escuchar historias, para saber si algún día estaré en una de ellas… Pero no, sólo descubro que soy un buen reflejo de cada historia, una buena consejera, y alguien que sabe escuchar, comprender, callarse, tener empatía, entender,  y nada más… no hay más que eso… nada más allá… sólo una buena persona consolando y escuchando atentamente, llena de melancolía, impotencia, soledad y lágrimas…